Todos los viajes se inician en el oriente de la rueda
sagrada. Al comienzo, toda nuestra atención se centra en el camino y nos
concentramos en los primeros pasos. Uno de los dones más importantes que se
recibe en el oriente es el de concentrarse en el momento presente. En la
infancia (el oriente es también el punto de la niñez), sabíamos hacerlo
instintivamente. Cuando éramos niños, una hermosa mariposa o cualquier otro
aspecto de la naturaleza que nos interesaba atraía toda nuestra atención. Nada
nos distraía de esa mariposa, de un pedacito de tierra o de un juguete. En
muchos casos se ha elegido como símbolo de esta capacidad a la Laucha. Nuestra
hermanita Laucha hace todo lo que hace con todo su ser diminuto.
Muchas personas son incapaces de hacer esto. Están
constantemente pensando en el futuro o el pasado, mirando hacia afuera o hacia
adentro, o hacia algún punto lejano, pero rara vez se concentran en el momento
presente. El don de vivir plenamente en el presente nos ayuda a realizar tareas
físicas que exigen que todos nuestros sentidos estén alertas y que nos
entreguemos por completo a lo que estamos haciendo. La caza, especialmente la
tradicional, es un ejemplo de actividad que exige una concentración total para
realizarla como se debe. Otros ejemplos son las labores manuales, como la fabricación
de collares; la costura o la carpintería; el aprendizaje de las técnicas de
sanación; el tocar un instrumento musical y los deportes. Todas ellas exigen
una entrega total. Ese es el don singular de nuestra hermanita Laucha. Aprender
a hacerlo es la primera etapa del desarrollo del poder de la voluntad.
Sin embargo, esto encierra un peligro. Quien ha adquirido
esta capacidad en el oriente también tiene que aprendera escuchar las
advertencias que resuenan como
un
trueno o brillan como un relámpago en su interior (una enseñanza del poniente).
De lo contrario, podríamos parecemos a la Laucha que, por estar muy concentrada
recogiendo semillas, no percibe el peligro que la acecha y cae en las garras
de una lechuza hambrienta. También tenemos que ser capaces de mirar hacia el
futuro (una enseñanza del sur) para ver todos los aspectos de lo que está
ocurriendo (otra enseñanza del oriente), lo que nos conduce a la felicidad y
el bienestar.
Quien no haya aprendido las enseñanzas del norte, y que por
lo tanto es muy orgulloso o insensible para escuchar a los demás, o que jamás
se ha detenido en el poniente de la rueda sagrada para reconocer su fragilidad,
puede creer que es muy importante como para ayudar a su pueblo.
No es una casualidad que una de las criaturas más humildes
(la laucha) y una de las más nobles (el águila) sean ambas maestras del
oriente, porque la grandeza de espíritu y la humildad son dos caras de la misma
moneda. El verdadero liderazgo consiste en servir al pueblo.
sagrada.
La mayoría de la gente regresa al oriente muchas
Sólo cuando servimos a los demás con humildad podemos
desarrollar nuestra auténtica naturaleza humana. Esta es la más valiosa de
todas las enseñanzas de la rueda veces a lo largo de su vida sólo para recibir
esta enseñanza.
Si uno intentara describir todas las enseñanzas del oriente,
o de cualquier otro punto de la rueda sagrada, podría tardar más de mil vidas
en hacerlo. El caballo que conduce al viajero en la búsqueda de los dones de
los cuatro puntos cardinales se llama Paciencia. Sin Paciencia, el viajero no
podrá seguir avanzando. Continuemos ahora nuestro recorrido de la rueda
sagrada.






