El poniente es el punto
cardinal de donde proviene la oscuridad. Es el lugar de lo desconocido, del
recogimiento, de los sueños, de la oración y de la meditación. El poniente es
el lugar de las pruebas, donde la voluntad se enfrenta a enormes exigencias
para adquirir el don de la perseverancia. Perseverar significa seguir haciendo
algo, aunque nos resulte difícil.
Cuanto más nos acercamos a una meta, más difícil se nos hace
el camino. La capacidad de perseverar ante un obstáculo, a pesar de las
dificultades y el dolor que eso suponga, es una importante enseñanza del
poniente. Es la tercera gran lección sobre el desarrollo de la voluntad.
Como los truenos y los relámpagos nacen en el poniente, éste
simboliza el poder. En muchas tradiciones, el poniente es el lugar donde viven
los Seres del Trueno que tienen diversos poderes. El poder de sanar. El poder
de proteger y defender. El poder de ver y de conocer. El caminante debe
aprender aquí a ejercer el poder en armonía con las enseñanzas universales del
Arbol Sagrado.
Los dos maestros simbólicos del poniente son el oso negro y
la tortuga. Quien haya llegado al poniente y haya recibido los dones que le
esperan allí tendrá, al igual que el oso negro, una gran fuerza. Pero la fuente
de esa fuerza se encuentra en el fondo de su ser. Como el oso que se retira a
un lugar oscuro y aislado para huir del frío invernal, quien ha
recibido las enseñanzas del poniente logra equilibrar la auténtica lealtad del
norte con el profundo discernimiento espiritual. Este discernimiento se logra
dando la espalda a las distracciones del mundo y alejándose de él para orar y
enfrentar las pruebas.
La tortuga es uno de los guías simbólicos que nos acompañan
en el camino interior. La tortuga no solo nos enseña a retraemos; también da el
don de la perseverancia (de seguir avanzando aunque resulte difícil) a quienes
adquieren sus costumbres.
En el centro de nuestro ser podemos sentir la conexión que
existe entre el espíritu humano y el resto del universo. También podemos sentir
la conexión entre el espíritu humano y el Creador. Este es el don de la
oración.
Día a día debemos hacer un gran esfuerzo para ponernos en
contacto con nuestra profunda capacidad interior de aprendizaje y de responder
a las pruebas. Los mayores nos han enseñado que cada mañana al levantamos, y
cada noche al irnos a dormir, debemos encontramos a solas con nuestro Creador.
Podemos destinar una pieza de nuestra casa o parte de una pieza o algún otro
lugar especial para ese encuentro, y retiramos todos los días a ese lugar para
orar, meditar y entregamos a una profunda reflexión.

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