sábado, 15 de febrero de 2020

LOS DONES DE PONIENTE



El poniente es el punto cardinal de donde proviene la oscuridad. Es el lugar de lo desconocido, del recogi­miento, de los sueños, de la oración y de la meditación. El poniente es el lugar de las pruebas, donde la voluntad se enfrenta a enormes exigencias para adquirir el don de la perseverancia. Perseverar significa seguir haciendo algo, aunque nos resulte difícil.
Cuanto más nos acercamos a una meta, más difícil se nos hace el camino. La capacidad de perseverar ante un obstáculo, a pesar de las dificultades y el dolor que eso suponga, es una importante enseñanza del poniente. Es la tercera gran lección sobre el desarrollo de la voluntad.
Como los truenos y los relámpagos nacen en el poniente, éste simboliza el poder. En muchas tradiciones, el poniente es el lugar donde viven los Seres del Trueno que tienen diversos poderes. El poder de sanar. El poder de proteger y defender. El poder de ver y de conocer. El caminante debe aprender aquí a ejercer el poder en armonía con las enseñanzas universales del Arbol Sagrado.
Los dos maestros simbólicos del poniente son el oso negro y la tortuga. Quien haya llegado al poniente y haya recibido los dones que le esperan allí tendrá, al igual que el oso negro, una gran fuerza. Pero la fuente de esa fuerza se encuentra en el fondo de su ser. Como el oso que se retira a un lugar oscuro y aislado para huir del frío invernal, quien ha recibido las enseñanzas del poniente logra equilibrar la auténtica lealtad del norte con el profundo discernimiento espiritual. Este discernimiento se logra dando la espalda a las distracciones del mundo y alejándose de él para orar y enfrentar las pruebas.
La tortuga es uno de los guías simbólicos que nos acompañan en el camino interior. La tortuga no solo nos enseña a retraemos; también da el don de la perseverancia (de seguir avanzando aunque resulte difícil) a quienes adquieren sus costumbres.
En el centro de nuestro ser podemos sentir la conexión que existe entre el espíritu humano y el resto del universo. También podemos sentir la conexión entre el espíritu huma­no y el Creador. Este es el don de la oración.
Día a día debemos hacer un gran esfuerzo para poner­nos en contacto con nuestra profunda capacidad interior de aprendizaje y de responder a las pruebas. Los mayores nos han enseñado que cada mañana al levantamos, y cada noche al irnos a dormir, debemos encontramos a solas con nuestro Creador. Podemos destinar una pieza de nuestra casa o parte de una pieza o algún otro lugar especial para ese encuentro, y retiramos todos los días a ese lugar para orar, meditar y entregamos a una profunda reflexión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario