sábado, 15 de febrero de 2020

LOS DONES DEL NORTE






El norte es el lugar donde se encuentra el sol en su punto más alto. Es el lugar del verano, de la plenitud, de la fuerza física y del bienestar. El lugar de la juventud. También representa la época en que la gente trabaja, prepa­rándose para enfrentar el otoño y el invierno. En este sentido, es el lugar que simboliza la preparación para el futuro, para los días venideros.

El norte es también el lugar del corazón, de la genero­sidad, del respeto de la sensibilidad de los demás, de la lealtad, de las pasiones nobles y del amor.

Pero el amor que se aprende en el norte no es el amor incondicional hacia toda la creación que siente un niño de corazón puro. Tampoco es el amor que nuestra hermana águila siente por todos en su solitano vuelo sobre el mundo, y que tiene que aprender en el poniente.

El amor que se aprende en el norte es el de una persona por otra. ¡Cuánto anhelamos estar con la persona que amamos! Y cuán fácil es que este anhelo se convierta en afán de posesión y de control de la persona amada; en deseo de que nos pertenezca sólo a nosotros. Podemos recordar esta enseñanza a través del símbolo del hermoso rosal, perfuma­do y frágil, tan atractivo que nos dan deseos de tocarlo; pero que debajo de sus hojas suaves y verdes tiene espinas afiladas que pueden herir al que intente apoderarse de su belleza.


El norte de la rueda sagrada también es el lugar de las grandes pruebas físicas. Allí tenemos que aprender a controlar nuestro cuerpo como si fuese un hermoso caballo o perro, para que responda a todas las órdenes que le demos sin tratar de llevamos donde él quiera.

Muchas personas se comportan como si su cuerpo las controlara. No puede distinguir los impulsos del cuerpo (la preferencia por ciertos alimentos y bebidas, el deseo sexual, el sueño, etc.) de lo que es bueno y auténtico. La determi­nación (un aspecto de la voluntad) es esencial para discipli­nar al cuerpo y, por lo tanto, para lograr nuestros propósitos y alcanzarlas metas que nos hayamos fijado. La capacidad de elegir nuestras metas y de esforzamos por alcanzarlas es la segunda etapa del desarrollo de la voluntad.


La vista, el oído, eltactoy el gusto y los demás sentidos son dones del cuerpo que pueden desarrollarse y manejarse para que sirvan al ser humano en su totalidad.

En el norte, el caminante también recibe el don de la música, y la capacidad de moverse con gracia, de apreciar las artesy de distinguir sutilmente a través de los ojos, el oído y el gusto. El puma puede ser un símbolo de la capacidad física en su máxima expresión y de la agudeza de los sentidos.
Pero el puma es sólo uno de los maestros simbólicos del norte. La capacidad de concentración que nos enseñó en el oriente nuestra hermanita Laucha, en el norte se transforma en una estrecha relación con el mundo. En el norte, el viajero aprende el idealismo que está presente en todas las grandes causas.

El idealismo es una respuesta del corazón a la belleza o la fealdad en el mundo que nos rodea. No siempre está enraizado en un discernimiento espiritual profundo (una lección que se puede aprender en el norte de la rueda sagrada). En realidad, es una atracción afectiva por lo que es bueno o un rechazo emocional frente a lo malo o dañino.

El desarrollo de las capacidades afectivas del amor, la lealtad, la generosidad, la compasión y la benevolencia, por una parte, y de la capacidad de reaccionar con enojo ante la violencia sin sentido, por otra, son enseñanzas importantes que se reciben en el norte.
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Por otra parte, el reprimir el dolor o la ira sin expresarlos puede provocamos un gran daño físico, emocional, mental y espiritual. Hay momentos en que las lágrimas de aflicción bajan del Padre Cielo a la Madre Tierra para que toda la creación aprenda a llorar; porque mientras no logremos comprender y expresar la ira, el resentimiento y el dolor que ocultamos, estas emociones serán un obstáculo que nos impedirá actuar con inteligencia y expresar verdadero amor y bondad. Esto es lo que ocurre actualmente a muchos miembros de nuestro pueblo.


Nuestras emociones (la ira, el temor y el amor, entre otras) no son algo que nos “suceda”, como una piedra que nos cae en la cabeza. La expresión “¿qué te pasa?” demuestra que mucha gente cree que lo que siente es algo que le viene de afuera. Sin embargo, los sabios maestros y ancianos saben que somos capaces de razonar y controlar nuestras emociones por medio de la voluntad.  

La voluntad no sólo nos permite controlar y desarro­llar el cuerpo, sino también disciplinar las emociones. Por ejemplo, los que “pierden los estribos” cuando no consiguen lo que quieren no han aprendido a disciplinar su aspecto emocional. Quienes reaccionan con tanto nerviosismo o temor ante una emergencia que no pueden protegerse ni ayudar a los demás tampoco han aprendido a disciplinar sus emociones.

El don más difícil de adquirir y más valioso que debemos buscar en el norte de la rueda sagrada es la capacidad de expresar abiertamente nuestras emociones, pero de tal manera que no hieran a los demás.


El valor práctico de todo esto es que nos dará la capacidad de dejar de lado nuestra ira, nuestro dolor o nuestra aflicción, y de escuchar o ayudar a quienes nos rodean. También nos permitirá expresar sanamente las emociones que nos impiden actuar con efícacia y claridad.

El sauce rojo, el otro gran maestro del norte, es el símbolo de esta importante enseñanza. El sauce es a la vez el árbol más fuerte y el más flexible del bosque. Sobrevive a las inundaciones, los incendios y las sequías. Cede ante las fuerzas que destruyen a los demás árboles, pero siempre vuelve a erguirse. La enseñanza del hermano sauce puede evocarse a través de la hermosa música de los silbatos y las flautas que fabricamos con sus ramas.

Continuemos ahora nuestro recorrido simbólico de la rueda sagrada, porque nos queda mucho por aprender.

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