El respeto
Respetar significa sentir admiración o tenerle estimación a alguien o a algo; tomar en cuenta su bienestar o tratarlo con deferencia y cortesía. Mostrar respeto es una ley fundamental de la vida.
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Tratar con un respeto
especial a los mayores, a nuestros padres, a los maestros y a los dirigentes de
la comunidad.
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No tocar nada que
pertenezca a otra persona (especialmente los objetos sagrados) sin que te
hayan dado permiso o por un acuerdo entre los dos.
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Hablar en voz baja,
sobre todo en presencia de los mayores, los desconocidos y otras personas que
merecen especial respeto.
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Respetar la intimidad
de todos. No interrumpir a nadie cuando esté en el silencio o cuando se haya
aislado en su espacio personal.
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No hablar en las
reuniones donde están presentes los mayores, a menos que te inviten a hacerlo
(excepto para preguntar qué es lo que se espera de ti, si no lo tienes claro).
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Tratar a la Tierra, en
todos sus aspectos, como a tu madre. Mostrar un profundo respeto por el mundo
mineral, el mundo vegetal y el mundo animal. No hacer nada que contamine al
aire o al suelo. Si otros pretenden destruir a nuestra madre, erguirse con sabiduría
para defendedla.
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Escuchar con el
corazón.
Respetar la sabiduría del
pueblo en sus consejos o reuniones. Una vez que has aportado una idea en un consejo
o una reunión, ella ya no te pertenece. Pertenece al pueblo. El respeto exige
que escuches con cuidado las ideas de los otros miembros del consejo y que no
insistas en que tu idea es la mejor. Debes apoyar con mucha libertad las ideas
de los demás si son verdaderas y buenas, inclusive si son muy diferentes de
las que tú has aportado. El choque entre las ideas enciende el chispazo de la
verdad.
Una vez que el Consejo ha decidido algo de común acuerdo, el
respeto exige que nadie hable en secreto en contra de lo decidido. Si el
Consejo ha cometido un error, ese error quedará claro ante todos con el paso del
tiempo.
Actuar con honestidad en todo
momento y en toda circunstancia.
Tratar siempre a tus huéspedes
con respeto y consideración. Darles la mejor comida, las mejores frazadas y
la mejor habitación, y atenderlos de la mejor manera posible.
Lo que daña a uno daña a
todos; el reconocimiento recibido por uno es de todos.
Recibir a los desconocidos y
forasteros con una actitud afectuosa, como miembros de la familia humana.
Todas las razas y tribu
del mundo son como flores de distintos colores que florecen en la misma pradera.
Todas
son hermosas. Por ser hijos del Creador, todos merecen respeto.

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