viernes, 14 de febrero de 2020

EL DESAPEGO



El conocimiento y la sabiduría son necesarios para juzgar si la hora de la consumación está actualmente cerca. Estos se adquieren a través del desapego. El don del desapego otorga al viajero la capacidad de comprender el pasado, el presente y el futuro como una sola cosa.
El desapego significa estar libres de odio, envidia, deseo, ira y temor. Significa dejar de aferrarse a las cosas, incluso las que nos son más queridas. Significa dejar atrás todo el conocimiento que hemos adquirido a lo largo del camino, porque puede ser una carga demasiado pesada si se desea llegar a la cima de la gran montaña y a las orillas del lago sagrado.
Dejar de aferrarse a algo (al conocimiento, al amor o al odio, por ejemplo) no es desecharlo. Es apartarse de su sombra para ver todo desde otra perspectiva.

Aprender a distanciamos de nuestras creencias, y también de nuestros temores, nuestra ira, nuestra envidia, nuestro odioe incluso del amorque sentimos or alguien es difícil, pero muy importante. Todas estas emociones pueden dominamos e impedimos ensar claramente.
El temor, la ira, la envidia y el odio pueden limitar nuestra capacidad de razonar. Los maestros sabios nos aconsej an evitarlos como evitaríamos a una serpiente vene­nosa. Si el amor no se equilibra con la razón también puede impedimos ver claramente.
Para poder tomar distancia de los pensamientos y las emociones intensas, tenemos que aprender a observamos desde el centro de la rueda sagrada. Desde allí, veremos que estamos entre lazados con todo cuanto existe. Comprende­remos que somos un aspecto diminuto pero realmente sagrado de un proceso muy amplio.
Cuando llegamos a ese punto de equilibrio, nada puede dominamos, ni las emociones intensas ni los pensamientos. Cuando actuamos desde ese centro sagrado, todo lo que hacemos responde a lo que decidimos hacer y a la compren­sión de que es bueno hacerlo.
Cuando podamos observamos de esa manera, habre­mos aprendido la primera lección del desapego. Habremos
aprendido que no somos nuestro cuerpo, ni nuestros pensa­mientos, ni nuestras emociones ni nuestra capacidad de comprensión, sino algo mucho más amplio y profundo. Somos un ser que piensa y comprende. Somos un ser que siente y sabe. Podemos observar nuestras emociones, nuestros pensamientos y lo que comprendemos, y reconocer que son reflejos en el espejo del lago sagrado.
Cuando alcancemos el verdadero desapego, compren­deremos el misterio del abandono. Podremos entregamos por completo en las manos del Creador e iremos entendiendo
que todo lo que nos ocurre es algo que nos ayuda a crecer y a desarrollamos espiritualmente. Entenderemos que 
El aprendizaje del desapego y la entrega comienza en el fuego del amor y termina en serenas reflexiones en las
orillas silenciosas del lago sagrado, pero es algo que jamás puede transmitirse.

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