viernes, 14 de febrero de 2020

EL EQUILIBRIO INTERIOR Y LOS PUNTOS CARDINALES


Es posible que el viajero se sienta tan atraído por los dones de un punto cardinal que se olvide del camino y desee quedarse a vivir eternamente junto a esos maestros, que lo han cautivado.
Por ejemplo, una persona puede llegar a creer que si ha recibido los valiosos dones intelectuales del sur no necesita seremos buenos líderes mientras no hayamos librado las batallas más ementas y enfrentado todas las pruebas desde nuestro ser interior. Entonces podremos expresar amor incondicional y fe, en todo momento y en todas las circunstancias seguir aprendiendo. El deseo de quedarse a vivir para siempre en un punto cardinal es muy peligroso. Nuestro verdadero hogar está en el centro del universo y siempre debemos regresar allí.


Si una persona se aparta del camino por sentir que ha encontrado todo lo que necesita en los dones de un punto cardinal, puede sufrir una gran pérdida, porque estará renunciando a una parte importante de su ser y creará un desequilibrio que puede ser muy negativo.
La persona que desee quedarse en el sur, ignorando los dones de los otros puntos cardinales, quedará atrapada en un frío glacial como el del invierno. Se alejará del calor de su corazón.
En realidad, todos los dones de todos los puntos cardinales se equilibran con los demás. La audacia del águila se equilibra con la humildad del sauce y la cautelosa sabiduría de la tortuga. El idealismo del norte se equilibra con la sabiduría y la capacidad de pensar claramente que se adquiere en el sur.




La enseñanza fundamental del sur es el equilibrio, porque la sabiduría enseña que todas las cosas están entre­lazadas. Y cuando el equilibrio se aplica a la relación entre todos los seres humanos se convierte en justicia. La justicia es el gran don del sur. Con su ayuda, el viajero puede ver todo cuanto existe tal como es en realidad. Sin ella, no puede haber paz ni seguridad en el mundo.
Desde el sur, podemos mirar hacia el norte y vemos cantando dulces canciones de amor. Allí nos damos cuenta de que el conocimiento y la comprensión no dependen sólo de la mente, sino que también se encuentran en el corazón. Podemos mirar hacia el oriente y contemplar la estremecedora alegría de nuestra hermanita laucha que observa el poniente, el lugar de lo desconocido. Vemos su maravillosa capacidad de creer incluso en lo que no alcanza a ver y nos damos cuenta, entonces, de que lo que nos falta por conocer es mucho más extenso que todo lo que han conocido los más grandes sabios; y comprendemos lo que es la humildad.


El misterio de todo lo que llega a su fin se encuentra en los orígenes. El recorrido de los puntos cardinales no termina nunca. La capacidad humana de desarrollarse jamás se agota. La rueda sagrada gira eternamente.






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